La vivienda en España: un análisis marxista

 

La vivienda en España: un análisis marxista

 

La Policía desaloja la Corrala Utopía en Sevilla

Sale a la luz un audio de Ana Lorenzo en el que alecciona a una familia sin recursos para okupar una vivienda de un banco. Sale a la luz un audio de Ana Lorenzo en el que alecciona a una familia sin recursos para okupar una vivienda de un banco.Sale a la luz un audio de Ana Lorenzo en el que alecciona a una familia sin recursos para okupar una vivienda de un banco.

Mucho se ha hablado sobre las ocupaciones ilegales en España, tildando a los ocupas de mafiosos y criminales. Muchos periódicos y partidos de la derecha, como es VOX, tildan a esta gente sin recursos como gente vaga y maleante, que hay que expulsar con “una patada en el culo” en palabras de Ortega Smith. Además, su partido ha hecho una campaña a favor de promover mecanismos más rápidos para desalojar “okupas”, sin proponer ruptura alguna con el sistema capitalista que, sin duda, es el causante de una situación como esta.

También hay otras voces cantantes como Ayuso que dice cosas como la siguiente: «El Covid trae necesidades aparejadas, como los problemas de delincuencia, ocupación y los de los menores no acompañados». Aparte de que no tiene pies ni cabeza, en España ya había “okupas” desde hace tiempo y no es un problema que trae consigo el virus. Dicho esto, me gustaría hacer una reflexión respecto al problema de las ocupaciones y el problema de la vivienda en España.

Hoy en día hay más de 100.000 viviendas ocupadas en España, en las cuales habita una media de 5 ocupantes. Lo cual, nos puede dar una cifra de 500.000 ocupas en España aproximadamente, aunque su número puede ser mayor. Sería absurdo suponer que toda esta gente sea mafiosa o criminal como se nos intenta vender, aunque, también hay que reconocer, que una parte de estos forman parte de mafias que se dedican a desvalorizar el precio de vivienda de ciertos lugares urbanos con la complicidad de ciertos fondos buitres, o incluso por su cuenta.

Por otra parte, me gustaría recalcar que hay un millón de personas en España que no se pueden independizar debido al elevado coste de las viviendas, el cual no se debe a una escasez de ella sino todo lo contrario. Actualmente, en España hay alrededor de 4 millones de casas vacías, lo cual no es un problema de escasez, sino que es un problema del propio sistema capitalista, es un problema de producción y distribución de esta, además de una cierta concentración de la propiedad en pocas manos, que más adelante analizaremos.

Para empezar, me gustaría hacer un pequeño repaso histórico. La construcción de vivienda en el capitalismo ha pasado por una serie de evoluciones, en la acumulación y centralización, y de revoluciones tecnológicas que han permitido darse estas evoluciones. En las primeras fases iniciales del capitalismo, la construcción de vivienda consistía en una producción limitada y a pequeña escala por un productor. Era un sector donde la acumulación de los medios de producción de hogares se dispersaba entre muchos productores de pequeño tamaño. La producción de viviendas consistía en una serie de rotaciones largas de capital en las que los individuos que contrataban los servicios de estos productores adelantaban una suma de capitales cada largos periodos hasta finalizar la producción de dicha vivienda. Más adelante, según Marx:

“En cambio, en la era capitalista avanzada, en que se concentran en manos de unas cuantas grandes masas de capital y en que, además, aparece al lado de los capitalistas individuales el capitalista asociado (las sociedades anónimas), desarrollándose al mismo tiempo el sistema de crédito, sólo en casos excepcionales intervienen los contratistas capitalistas de construcciones por cuenta de los particulares. Su negocio consiste en construir bloque de casas y barrios enteros para luego lanzar las casas al mercado, lo mismo que ciertos capitalistas negocian con la construcción de ferrocarriles por contrata.”

Más tarde, Marx nos da un testimonio de un empresario de la rama de la construcción, por el que podemos seguir las incidencias de la producción capitalista de casas en la ciudad de Londres:

“En su juventud, nos dice, la mayoría de las casas se construían por encargo y el importe le era abonado al contratista al llegar a ciertas fases de la construcción. Se edificaba muy poco, para la especulación, en general, los contratistas sólo se prestaban a ello para dar trabajo de un modo regular a sus obreros y mantenerlos agrupados. Desde hace cuarenta años, todo esto ha cambiado. Ahora, se construye muy poco por encargo. El que necesita una nueva casa la busca entre las construidas para especular con ellas o entre las que se hallan en construcción. El empresario de construcciones ya no trabaja para sus clientes, sino para el mercado; se halla obligado, lo mismo que cualquier otro industrial, a tener en el mercado sus mercancías terminadas. Mientras que antes un contratista solía emprender al mismo tiempo, cuando más, la construcción de tres o cuatro casas para la especulación, ahora tiene que comprar grandes solares, construir en ellos hasta cien o doscientas casas y aventurarse así en una empresa que rebasa veinte y hasta cincuenta veces su capital. Los fondos necesarios se movilizan mediante hipotecas y el dinero se va poniendo a disposición del empresario a medida que se desarrolla la construcción de las distintas casas. En estas condiciones, si se produce una crisis que paraliza el pago de las cantidades abonadas a cuenta, se viene a tierra por lo general toda la empresa; en el mejor de los casos, la construcción queda interrumpida hasta tiempos mejores; si las cosas vienen mal dadas se destinan a la demolición y se venden a mitad de precio. Hoy, ninguna empresa de construcción puede vivir sin dedicarse a la especulación, y además a gran escala. La ganancia que se obtiene por la construcción misma es extraordinariamente pequeña; la ganancia principal consiste en el alza de la renta, en saber escoger y explorar los solares. “

Para finalizar, Marx expone:

“La producción capitalista sólo puede hacerse casi por completo de la ejecución de obras que exige un período de trabajo un poco largo y se realizan en gran escala a partir del momento en que la concentración del capital es ya muy considerable y en que, por otra parte, el desarrollo del sistema de crédito brinda el capitalista el cómodo recurso de poder emplear, y por tanto, arriesgar, capital ajeno en vez del propio. De suyo se comprende, sin embargo, o no a quien lo emplea no influye para nada ni en el ritmo ni en el tiempo de rotación.”

En resumen, las nuevas formas patrimoniales, el avance del sistema de crédito, permitió a los pequeños productores de la fase inicial producir una mayor cantidad de viviendas, acrecentar la acumulación y centralizar el capital en unas pocas manos. La pequeña producción pasó a la producción a gran escala, además de darse mejoras en la tecnología para la producción de vivienda, acortó las rotaciones de capital y permitió a este sector ser uno de los más rentables, donde se podía obtener una plusvalía inmediata (sin tener que esperar meses como en la construcción de los ferrocarriles) y acelerar la valorización del capital y, por ende, del enriquecimiento del capitalista. Además, es en esta fase donde se empieza a especular de forma masiva con la vivienda.

Entre 1900 y 1970, la producción de viviendas adquiere un carácter monopolístico, sobre todo en las principales potencias imperialistas, donde las fusiones de capital de construcción empiezan a darse y a desarrollarse (en España llega en los años 60). La propia dinámica del capitalismo, que lleva a concentrar los medios de producción en unas manos y lleva a la producción a gran escala, provoca choques que hacen surgir a la competencia, la cual se va devorando entre sí hasta que solo unos pocos monopolios se hacen con el control. Esto provocó la subida de precios y, por consecuencia, la reducción de producción. Es aquí donde el monopolio ejerce mayor presión para el dominio del sector, ya que al reducirse la producción se reduce el equipo productivo (maquinaria, materiales, etc.) y, a su vez, esto provoca una reducción de la producción de estos bienes que se encarecen, debido al mayor coste de producirlos (porque, recordemos, las empresas capitalistas producen a gran escala para maximizar sus beneficios y es, en esta forma, donde se abarata la producción de bienes). Este capital monopolista únicamente ha de efectuar una serie de inversiones anuales, las suficientes como para mantenerse como monopolios y evitar una nueva posible competencia. Es en esta época donde, con sus avances y retrocesos, estas empresas adquieren tamaños colosales de producción y de dominio de la producción de la vivienda. Pero aquí no se detiene la gran marcha triunfal de estas grandes empresas monopolísticas.

A partir de la crisis del petróleo se desarrolla un nuevo horizonte en el sistema productivo en las viejas potencias imperialistas y emergen otras potencias económicas como China con altos desarrollos industriales (estas no las analizaré debido a que no han llegado a un grado de desarrollo capitalista como lo son los EE. UU., aunque se hayan influenciado por el desarrollo de la financiarización del capital). Es a partir de la quiebra del sistema de Bretton Woods, en la cual da un giro a los acontecimientos el sistema capitalista mundial. Este proceso es señalado por muchos como la financiarización. Nuestra época, es fruto de los acontecimientos de 1973 – 1974. Esta etapa del sistema capitalista internacional se basó en una desindustrialización progresiva de los países desarrollados a favor de los menos industrializados (mayormente se deslocalizaron industrias poco intensivas en capital y que se necesitaba grandes inversiones de capital para obtener tasas de plusvalía altas, las cuales a su vez no iban a valorizar el capital en un periodo corto y esto suponía grandes problemas a la clase capitalista). No por pura caridad del capital financiero se han llegado a desarrollar países como Corea del Sur, sino que se había llegado a alcanzar una monopolización de grandes tamaños en los países desarrollados, que era imposible crecer más si no se daban una serie de reajustes. Se necesitaba aumentar la plusvalía de otra forma y evitar la tasa decreciente de capital. A corto plazo, los países subdesarrollados daban la posibilidad de reducir los precios de materias primas, bienes intermedios o materias auxiliares de las mercancías. Esto generaba un incremento de plusvalía relativa de muchas empresas y en algunas se logró una plusvalía extraordinaria como la industria de los componentes informáticos.

En Occidente hubo un parón en seco de la inversión en tecnologías que acrecentasen la productividad de las empresas (maquinaria y otros), ya que se logró un grado de monopolización alto y se dio un proceso de búsqueda de nuevas formas de obtención de plusvalía. Entre ellas estaban la banca, los seguros, asesorías, derivados financieros, el turismo, la producción de viviendas…

Pero aquí nos concierne más la producción de viviendas, en como el gran capital que provenía del sector industrial y demás áreas se volcó en la producción excesiva de vivienda. Este “boom” de producción de viviendas fue provocado por un abaratamiento de materiales, un abaratamiento del crédito bancario para la compra de vivienda, una especulación bancaria que veía un valor seguro en la vivienda (ya que en el caso de no poder pagarse podía ser expropiada por el banco y ser vendida en el mercado a un precio superior cuando el momento lo permitiese, además de estar obligado el deudor a seguir pagando el crédito hasta saldar la deuda), una mano de obra inicialmente barata, un nuevo marco jurídico que permitía a las constructoras apoderarse de terrenos de forma muy barata, una clase media que empezó a crecer económicamente y el incremento del turismo de masas, propició que muchos turistas compraran una segunda vivienda en x país o que una nueva clase de capitalista arrendatario emergiese con el objetivo de obtener rentas a partir del alquiler de pisos a turistas. Además, surge un mayor desarrollo cuantitativo de la aristocracia obrera en España, que empieza a acaparar la vivienda.

Esto sucedió en España, pero a partir de 2012. Con el nuevo ciclo inmobiliario tras la crisis de 2007 cambió totalmente la cosa, fruto de una sobreproducción de viviendas en España que había sido alimentada por la banca, constructoras y otros. Se hizo efectiva la desregularización financiera, desde ese momento los bancos comerciales pudieron tomar más riesgos y apalancarse más, ya que eran al mismo tiempo bancos comerciales y de inversión. Esto dio paso a una acumulación y centralización de capital sin precedentes que llevó al BBVA, SANTANDER, SABADELL Y CAIXABANK a ser los monopolistas del sector financiero en España a día de hoy. A esto hay que añadir la desindustrialización que comenzó en los años 80 y que cambió el sistema productivo de España, convirtiéndonos en un país de turismo y servicios.

Antes de seguir, hay que desmitificar la teoría sobre la oferta y la demanda que hace que la vivienda fluya a un equilibrio y se alcance un estado de armonía. Esta “armonía” idealista ya fue desmontada por Marx. En el siguiente trozo de texto queda desmontada la teoría del supuesto equilibrio:

“El volumen de las masas de mercancías creadas por la producción capitalista lo determina la escala de la producción y la necesidad de que ésta se extienda constantemente, y no un círculo predestinado de oferta y demanda, de necesidades que se trata de satisfacer. La producción en masa sólo puede tener como comprador directo, aparte de otros capitalistas industriales, al comerciante al por mayor. Dentro de ciertos límites, el proceso de reproducción puede desarrollarse sobre la misma escala o sobre una escala ampliada, aunque las mercancías creadas por él no entren realmente en la órbita del consumo individual ni en la del consumo productivo. El consumo de las mercancías no va implícito en el ciclo del capital del que brotan. Mientras el producto se venda, desde el punto de vista del productor capitalista todo se desarrolla normalmente. El ciclo del valor del capital, representado por él, no se interrumpe. Y si este proceso se amplía –lo que supone que se amplíe también el consumo productivo de los medios de producción–, esta reproducción del capital puede ir acompañada por un consumo (y, consiguientemente, por una demanda) individual ampliado por parte de los obreros, puesto que el consumo productivo le sirve de introducción y de medio. De este modo, la producción de plusvalía, y con ella el consumo individual del capitalista, pueden crecer y hallarse en el estado más floreciente todo el proceso de reproducción, y, sin embargo, existir una gran parte de mercancías que sólo aparentemente entran en la órbita del consumo y que en realidad quedan invendidas en manos de los intermediarios, es decir, que, de hecho, se hallan todavía en el mercado. Una oleada de mercancías sigue a la otra, hasta que por último se comprueba que la oleada anterior no ha sido absorbida por el consumo más que en apariencia. Los capitales en mercancías se disputan unos a otros el lugar que ocupan en el mercado. Los rezagados, para vender, venden por debajo del precio.”

Más adelante Marx añade:

“Estas ventas no tienen absolutamente nada que ver con el verdadero estado de la demanda. Tienen que ver únicamente con la demanda de pago, con la necesidad absoluta de convertir las mercancías en dinero. Es entonces cuando estalla la crisis. Esta se manifiesta, no en el descenso inmediato de la demanda de tipo consuntivo, de la demanda para el consumo individual, sino en el descenso del intercambio de unos capitales por otros, del proceso de reproducción del capital.”

En España hubo un proceso de producción masiva de vivienda porque existía una demanda de pago efectiva creada por los factores anteriormente mencionados. Esto llevó a una gran producción de viviendas y en muchos lugares sin sentido ninguno, sin que hubiese una demanda real como tal a satisfacer. Un ejemplo de esto, puede ser Pioz, un municipio de menos de 4000 habitantes, donde se construyeron más de 7.000 casas durante la burbuja inmobiliaria de 2001 a 2007, para albergar a un total de 21.000 personas. Estas viviendas nunca se vendieron, he ahí la prueba definitiva de que el método de oferta y demanda no describe ninguna realidad de la situación económica.

Hoy en día existe una necesidad social de adquirir vivienda (en concreto en la ciudad tras darse una destrucción del campo español, que no comentaré aquí por su larga extensión a la hora de ser analizado, lo cual ha atraído a una gran población a la ciudad a la hora de buscar empleo). Actualmente, existen alrededor de 4 millones de casas vacías de las cuales más de un millón se encuentran en las ciudades, suficientes para satisfacer a una gran parte de la población que necesita una casa en la ciudad, ya que es donde se concentran las principales actividades productivas de nuestro país. Sin embargo, no hay una oferta como tal al sector de población que quiere independizarse o para personas sin hogar y que tienen rentas muy bajas. Esto sucede básicamente, en primer lugar, por el modelo productivo que ha adoptado nuestro país y en segundo, por la forma en la que se ha organizado el sistema de producción de viviendas y su posterior distribución.

España tiene un modelo productivo basado en los servicios; en concreto en servicios relacionados con el turismo. Actualmente, el turismo es el 15 % del PIB, dentro del cual se encuentra la construcción que le afecta indirectamente. Es esta consecuencia la que queremos analizar aquí. En el nuevo ciclo inmobiliario iniciado en 2013 la construcción volvió a repuntar con cierta fuerza pese al elevado stock de viviendas vacías heredado del ciclo anterior. De este modo, si las finalizadas en 2018 aumentaron en un 37%, las viviendas iniciadas en 2013 lo hicieron hasta un 153%, cifras coherentes con el paralelo aumento de la inversión inmobiliaria (44%), los visados de obra nueva concedidas (100%) o la producción y el empleo en el sector de la construcción (32%), en contraste con la reducción de las viviendas que cuentan con algún tipo de protección oficial en un 70%, lo que acentúa una tendencia de largo plazo más ligada a los intereses capitalistas y su efecto en las ciudades, que a las verdaderas necesidades de la población.

Este crecimiento de la actividad de construcción iba ligada a satisfacer las necesidades de compradores extranjeros, que deseaban adquirir una segunda vivienda residencial, hacer pequeñas operaciones de especulación o adquirir una vivienda para alquilarla. En 2007, 57.674 viviendas fueron adquiridas por extranjeros; representando apenas un 7,3% de las compradas ese año en el mercado libre. Pero, desde 2013 y hasta finalizar 2018, esa cifra ha alcanzado las 436.591 viviendas (87.318 de promedio anual), un 19,4% de todas las vendidas en España lo que equivale a afirmar que, en el actual contexto de reactivación, nada menos que una de cada cinco viviendas fue adquirida por un comprador extranjero.

Además de esto, están los fondos de inversión internacionales como BlackRock, Vanguard, Brookfield Asset Management, Cerberus o Blackstone, entre otros muchos. Este último, es el más importante en España. Según el ranking Private Equity Investment, en 2019 consiguió captar 82.900 millones para invertir en sus negocios. Los fondos de inversión que operan en el mercado inmobiliario se implantaron en España de manera significativa a partir de 2013, como reflejo de un proceso de internalización de este sector que no ha dejado de aumentar.

Una aproximación inicial a su importancia actual se obtiene, por ejemplo, de la Estadística Registral Inmobiliaria, que publica el Colegio de Registradores de la Propiedad con periodicidad trimestral y que considera el número de viviendas compradas por personas jurídicas. Esto incluye las adquiridas por estos fondos, que son predominantes, así como por empresas u otro tipo de sociedades. Entre 2013 y 2018 sumaron un total de 265.615 viviendas, equivalentes al 13% de las transacciones totales, con un crecimiento interanual constante, desde las 48.732 vendidas en 2014 a las 62.932 correspondientes a 2018. La mayor parte de estas viviendas adquiridas fueron orientadas a la especulación, al alquiler y al sector del turismo (pisos de alquiler vacacionales).

Otro agente que ha tomado importancia dentro de este juego fueron las SOCIMIs que se encargaron de obtener vivienda barata de la banca (que necesita liquidar activos para obtener liquidez). Estas sociedades compraron vivienda con el fin de alquilar. De su cartera de inmuebles, más de un 80% las dedican al alquiler (como consecuencia de la reforma de 2012 del gobierno del PP, ha de tenerse como mínimo un 80 por ciento; fue una forma encubierta de dar vía libre a estas organizaciones para distorsionar y controlar el sector de la vivienda). Además de recibir bonificaciones fiscales por sus operaciones en territorio español. Este tipo de sociedades controlan alrededor de 53.000 viviendas, las cuales 42.000 se dedican al alquiler. El fondo internacional de inversión Blackstone es, con más de 30.000 viviendas, el mayor inversor en inmuebles de alquiler de España. De hecho, esta compañía posee hasta un total de cinco SOCIMI.

Por otra parte, nos encontramos a la banca, que acumula una cuarta parte de viviendas sin vender: con 388.000 viviendas de un total de 1,36 millones de inmuebles, concretamente 128.000 viviendas nuevas y 260.000 de segunda mano.

Una vez presentado a los grandes magnates de la vivienda explicaremos esta nueva fase. La acumulación de vivienda hecha por estos monopolios y demás capitalistas, más la fusión de capital financiero con el de constructoras, ha alterado significativamente la situación del sector; como puede ser el BBVA que tiene participaciones en inmobiliarias como la inmobiliaria Metrovacesa o Divarian. La nueva fase del sector inmobiliario ha pasado de proveer vivienda a las masas trabajadoras de este país a especular con ella y crear un parque de viviendas de alquiler para satisfacer las necesidades del turismo y especular en torno a esta burbuja, además de tener como objetivo crear una sociedad de arrendadores y arrendatarios.

El interés del capital ya no es ni la industria, ni la construcción masiva de vivienda en este país como en el anterior ciclo inmobiliario, sino que ahora es la obtención de rentas y especulación de activos seguros que se obtengan grandes plusvalías (dado que se obtiene mayores flujos gracias a los cambios de formas de propiedad capitalista más tecnológicas). La banca, como las SOCIMIs, como los fondos de inversión o las inversiones extranjeras, han establecido precios irreales como absurdamente enormes en torno a la venta de la vivienda, ya que el objetivo es la obtención de rentas cada vez más altas. Hoy en día, los españoles dedican más de un 40 % de su salario al alquiler. La banca y demás rentistas han iniciado un proceso de subida de precios de viviendas para acotar la producción de las mismas, además de hacerse con varias inmobiliarias para limitar más la producción de estas mercancías. De este modo, se consigue que buena parte de estos productores asuman el nuevo “precio de mercado” y se limite la producción de vivienda, con la consecuencia a la larga de que se crean barreras de mercado a la hora de producir viviendas como el aumento del coste de producir una vivienda. Este juego favorece a unos pocos capitalistas que están convirtiendo nuestro país en un cortijo privado donde para obtener un techo hay que renunciar a tener una vida digna.

En conclusión, teniendo en cuenta la cada vez mayor monopolización de la vivienda en España, en la que cada vez crea una mayor riqueza a una clase capitalista que vive a costa del trabajo ajeno y que condena a la clase trabajadora a la miseria para obtener la máxima plusvalía posible, es necesario confrontar con esto. Por eso, ante la mafia del sistema de producción capitalista, debemos luchar por la alternativa socialista, que es la planificación económica. La vivienda no debe de ser un negocio, debe ser un derecho, como una obligación del Estado proveérsela a aquel individuo que la necesita en nuestra sociedad, y no como en el Estado capitalista en que vivimos, que prima a las especulaciones y negocios mafiosos de los capitalistas.

 

Félix Alonso.

 

Bibliografía:

 

 

 

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